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La identidad del fútbol argentino

Para Rock N’ Ball (16-11-2011)

La confusión de como juega o como debería jugar la Selección argentina no empezó hoy, aunque con Julio Grondona como presidente de AFA llegamos a la máxima expresión de perdida de identidad de la historia de nuestro fútbol. Con el señor del anillo pasamos de Menotti a Bilardo, de blanco a negro, del día a la noche, todo en cuestión días, demostrando que nunca se intentó sustentar una idea.

Lo lindo del fútbol es que aquellos jugadores que son creativos, distintos, los que están un paso por arriba del resto, intenten hacer algo diferente en cada movimiento, sin aferrarse a un esquema, rompiendo las reglas, siendo desobedientes, brindando espectáculo. Todo eso lindo del fútbol, Argentina ya no lo tiene. No lo tiene por decisión propia, por no saber que es lo que quiere, por no buscar una identidad, por no fomentar un estilo.

Uruguay fue el primer país de América que tomó el fútbol como suyo, como deporte nacional, fundando clubes criollos como Nacional, para diferenciarse de los ingleses. El camino que eligieron fue bueno, porque no se fijaron en Europacomo escuela y se convirtieron  en los primeros campeones del Mundo en 1930, además de ser campeones sudamericanos en 1916, 1917, 1920, 1923, 1924 y 1926, a estos títulos súmenle  los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928. De vez en cuando Argentina agarraba algún campeonato de rebote, con la virtud de tratar de imitar al estilo Charrua.

El fútbol demuestra lo que somos, en cada jugada, cada gambeta. El sacrificio, la inteligencia, la guapeza y el talento lo hacen los jugadores. A eso llegó Argentinaen los años treinta, quiso demostrar quien era, y lo logró. El mundo habló de la manera de jugar a la pelota que tenía el equipo argentino, porque después de haber perdido la final del Sudamericano del 1935, en Perú, frente a Uruguay por 3-0, se terminó la dinastía Celeste y comenzó la era Celeste y Blanca.

En 1937 se consiguió un nuevo Sudamericano, se dejó a un lado a Uruguay. Los jugadores argentinos se dieron cuenta de que eran los mejores del mundo después de vencer por 3-1 a Brasil, que venía de ser tercero en el Mundial de Italia 1938, y un año más tarde le metieron seis en la Copa Roca, en el estadio del Vasco da Gama, con el Charro Moreno como figura. Argentina había encontrado un estilo, a lo que años más tarde llamaríamos La Nuestra. Un fútbol ofensivo, con jugadores habilidosos que se pasaban la pelota unos a otros a ras del piso. Hacían de los estadios un teatro.

Guillermo Stábile asumió como entrenador de la Selección argentina a principios de 1940, el goleador del Mundial de 1930 pasó a ser una antes y un después en la historia del fútbol nacional. En 1941, 1945, 1946, 1947, 1955 y 1957 armó un equipo que ganó siete Sudamericanos sobre once disputados, todo un récord para la época. De haber participado en alguna Copa del Mundo en esos años, seguramente, Argentina hubiera dado que hablar, pero por guerras y problemas políticos eso no sucedió, ni siquiera jugamos el Mundial de Brasil 1950, además de no habernos enfrentado nunca con los vecinos entre 1946 y 1956 por diferencias entre los gobiernos de turno. Sin embargo, Argentina seguía siendo escuela en América, aunque faltaba la prueba de fuego: Enfrentar a los europeos.

Mientras la selección desplegaba su fútbol, brindaba espectáculo, ganaba todo, el fútbol argentino se desplomaba. Los brasileros estaban desesperados, nos querían imitar, y mientras los clubes se preocupaban por hacer negocios, construir estadios imponentes y enriquecer los bolsillos de unos pocos, los mejores jugadores se iban yendo de a poco: Primero se fue Antonio Sastre, quien llevó sus goles a San PabloJosé Manuel Moreno, el Charro, se fue a España; y tantos otros, que en 1948 se exiliaron al fútbol colombiano, después de una huelga de más de medio año. Solo Racing mantuvo su equipo, consiguiendo los Campeonatos de 1949, 1950 y 1951.

Juan Domingo Perón se caracterizó por apoyar al deporte, pero con él como presidente Argentina no pudo disputar la Copa del mundo de 1950 ni la de 1954,  en la primera, como ya dijimos, por diferencias con Brasil, y en la segunda, porque la FIFA no aceptaba que el gobierno se meta en el fútbol. En las pruebas previas al mundial, un tal Ernesto Grillo dejó con la boca abierta a los ingleses, que lo catalogaron de suertudo por haberles dado clases de fútbol en La Bombonera, fue después de un 3-1 en 1953. Argentina volvió al ruedo. Brasil nos seguía envidiando, al igual que los europeos, que no entendían como los Sudacas podían ser superiores, aunque no lo demostraban en los mundiales.

La Revolución Libertadora de 1955 fue el primer gran quiebre en la identidad del fútbol argentino. Cayó Perón, no se lo podía ni nombrar, lo catalogaron de “Tirano prófugo”. La AFA fue intervenida, al igual que Huracán y el Comité Olímpico InternacionalAlberto J. Armando, ex presidente de Bocay Antonio Vespucio Liberti, ex presidente de River, fueron metidos presos por ser peronistas. Guillermo Stábile tambaleaba en su puesto, le quisieron imponer jugadores, e inclusive un estilo de juego. Así había empezado la debacle.

El gobierno militar se quería parecer a Europa, dejando de lado La Nuestra, el juego asociado y ofensivo, preferían el roce, el choque, los centros, los pelotazos. Mientras tanto, Garrincha era borrado de la Selección Brasilera por ser un jugador egoísta, irresponsable, que no le hacía caso al técnico.

Se venía el mundial de Suecia 1958, antes Argentina había ganado el Sudamericano y Stábile le dijo todos sus secretos a la prensa brasilera, ellos anotaron y un año más tarde Garrincha volvió al primer equipo, Pelé debutó y creyeron en el talento de Didí. En realidad Brasil creyó en Brasil, así se convirtió en el único equipo americano en ganar una Copa del Mundo en tierras europeas, no solo eso, sino que cuatro años después volvió a conseguir el mismo título.

Previo al Mundial de Suecia, los diarios europeos titularon: “Argentina viene a ser campeón del mundo”. Después del 1-6 frente a Checoslovaquia, los periódicos deEstados Unidos sentenciaron: “Cayó el estilo argentino”. Ya no mandaba Stábile, mandó el negocio. Como ahora, como antes, como casi siempre.

La etapa de confusión prosiguió. Argentina había perdido la identidad y ya no era potencia. Aparecían rivales como Alemania e Inglaterra y no les pateábamos al arco.  En 1969 se creyó en un cambio, Juan Carlos Onganía intervino la AFA y nombró como entrenador a Adolfo Pedernera, uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol argentino, quien fue parte de la Máquina de River, pero este no estuvo a la altura de su paladar, de su gusto, de su manera de ver al fútbol. Eligió ser un títere de la dictadura.

Pedernera dejó de lado al talento, para elegir a los más potentes de la época. Apostó a Antonio Rattín y a Carlos Pachamé, dejando afuera a jugadores comoNorberto MadurgaJuan Ramón Verón y Héctor Veira. Se priorizó el trabajo, no se creyó en el talento. ¿Conclusión? Argentina no clasificó al Mundial deMéxico 1970.

La confusión siguió, por lo menos, hasta 1974, cuando César Luis Menotti fue nombrado entrenador de la Selección argentina. Luego llegó la dictadura comandada por Jorge VidelaEduardo Massera y Ramón Agosti, quienes decidieron que el entrenador siga en el cargo, utilizándolo, para volver a las fuentes, no importaba que estuviera afiliado al partido comunista, había que llegar a la gente en el momento más oscuro de la historia de nuestro país.

En los setenta se acabaron los Bilardo y Zubeldía, y aparecieron los Kempes,ArdilesBochiniAlonso, Houseman y Bertoni, y con ellos, con su fútbol, algunos formando parte y otros no, se logró el primer título del mundo con sello argentino. Menotti quiere ganar como todos, defiende un estilo pero no es ingenuo, su esquema fue 4-2-4, mezclando habilidosos y potentes, juego y sacrificio.

Un año más tarde, con Menotti como técnico, con Maradona Ramón Díazcomo estandartes, Argentina obtuvo en Japón su primer campeonato juvenil. Luego, no se pudo terminar de armar un equipo para el mundial de España 1982. Los cambios generacionales, la guerra de Malvinas, los problemas psicológicos de algunos jugadores, la presión, la desazón de saber que el primo de Ardiles había fallecido en combate. No se podía jugar al fútbol. Nada sumó. El fútbol argentino volvió a entrar en la contradicción. Chau Menotti. Hola Bilardo.

Con Carlos Salvador Bilardo como elegido de Grondona las cosas no salieron demasiado bien al principio, clasificando al mundial de México por la ventana y dejando un vacío enorme en la Copa América, sin embargo en el mundial llegó el trofeo más preciado por segunda vez. La gran virtud del entrenador en ese torneo fue cuidar a Maradona, lo encerró en un hotel un mes antes para que no se meta en nada raro y lo hizo explotar como nunca antes. Los defensores y volantes defendían, Diego se las arreglaba con Valdano y Burruchaga de mitad de cancha para adelante.

Otra vez, dos Copas América para el olvido y llegó un mundial, Italia 1990.Argentina llegó a la final por penales, dependiendo de las manos de Sergio Goycochea y alguna que otra gambeta de Maradona. Tras esta Copa del Mundo, la FIFA cambió el reglamento, para que no vuelva a clasificar un mejor tercero tan amarrete, para que los jugadores no hagan tiempo pasándosela  al arquero y este la agarre con las manos, así había jugado nuestra selección.

Se va Bilardo y vuelven las contradicciones con Grondona como protagonista, porque eligió a Alfio Basile, discípulo de Menotti, lo contrario del doctor, lo mismo que ocho años atrás. Aquí volvieron los triunfos. La Copa América 1991 y 1993 son los últimos títulos importantes que ganó Argentina a nivel Selección. Quizás, si no hubiera saltado del doping de Maradona en el mundial de 1994, hoy estaríamos hablando de que tendríamos tres Copas del mundo en las vitrinas. En este proceso se le devolvió la confianza al jugador, se creyó en él, como lo había hecho Uruguay en su momento, como lo había hecho Stábile y como lo había hecho Brasil.

En 1995 asumió Daniel Passarella, volvió la contradicción, una especie de dictadura al futbolista: “Si tenés el pelo largo no jugás”, por eso afuera Fernando Redondo, uno de los mejores número cinco de la historia, y chau Claudio Caniggia. Por poco no quedó afuera Gabriel Batistuta, a quien el Kaiser ya había echado de River. Pelotazo de De Boer, gol de Dennis Bergkamp. Bye sueño mundialista.

Grondona hubiera acertado por primera vez, ya que más allá de los triunfos fue a apostar por un proyecto, lo fue a buscar a José Pekerman, quien era el formador del semillero argentino, consiguiendo los mundiales juveniles de Qatar 1995 yMalasia 1997. “No estoy preparado”, afirmó el entrerriano.

Vamos por Marcelo Bielsa entonces, quien le jugó igual a Bolivia y aInglaterra, pero en la Copa del Mundo de Japón 2002 no tuvo identidad, le fue a tirar centros a los europeos, que son expertos en la materia. Fracasó, vuelta a casa en primera ronda. Segunda oportunidad. Recambio generacional. Subcampeón en la Copa América de Perú 2004 y Campeón olímpico, se quedó sin energía. A barajar y dar de nuevo.

Vamos por Pekerman de nuevo, volvemos a las fuentes. Esta vez la respuesta fue un Sí. Juan Román Riquelme como estandarte, dos años de trabajo. Quedó afuera de la Copa del Mundo 2006 por  dos penales, no perdió ningún partido y no hizo papelones. Ganó, gustó y goleó. Cumplió un ciclo. Se fue por la puerta de atrás. Nadie se acuerda de él. Injusticia.

Lo de ahora es historia conocida. Volvió Basile. Subcampeones en Colombia2007. Peleas internas. Nadie entendió su salida. Apareció Maradona. Bochorno en Sudáfrica. 0-4 contra Alemania. Se fue Maradona. Resucitó Sergio Batista. Mucho Twitter, poco fútbol. Ya quedó en el pasado. Ahora está Alejandro Sabella, sostenido por Bilardo y cinco defensores.

La Selección argentina sigue confundiéndose año a año. No se sabe a que se juega ni para que. Ya no se le puede ganar a Bolivia ni a Venezuela, selecciones que crecieron, pero tampoco para tanto. El tiempo hizo queArgentina no contagie, ni aunque esté el mejor del mundo, a quien no le simplifican las cosas.

No cambió nada de Maradona a SabellaMartín Demichelis siguió cometiendo errores, pero sin embargo, hasta el viernes seguía siendo titular. Para el resto lo mismo, no cambió nada. Es una Selección de amigos, no un equipo. Falta mucho por mejorar. Esta tarde con Colombia, en el calor de Barranquilla se rendirá un nuevo examen, que esperemos, tenga mejor nota que los anteriores.

Es hora de arriesgar, de empezar a cambiar. Hay que recuperar la esencia del fútbol argentino, la que nos dio gloria. La esencia que envidiaban los Brasileros y vinieron a buscar. La esencia que se llevaron. La Nuestra, la que admirabaEuropa, el Viejo Continente. Nada está perdido, es cuestión de creer, de confiar en el jugador.

Para bien o para mal, cuando Argentina marcó un estilo, cuando puso la pausa, cuando agarró la pelota y fue protagonista, a la larga y a la corta, siempre, casi siempre, se llevó un trofeo para colocar en las vitrinas. Con Sabella, con Bilardo, con Menotti, con Basile, con Stábile, con quien sea, es hora de volver a honrar a aquellos jugadores que le dieron gloria al fútbol argentino. Respetemos a la pelota.

Twitter: @Ibarraguille

  1. 15 noviembre, 2011 a las 14:18 | #1

    muy bueno, me ha gustado mucho

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